lunes, 17 de septiembre de 2018

LÍNEA DE BASE

Esta muestra se llevó a cabo en agosto del corriente año (2018). Fue pensada para que coincidiera con la Feria del Libro de Comodoro Rivadavia que se ha convertido en el  acontecimiento cultural de la ciudad. Miles de personas la visitan durante los diez días que dura. Fue curada por Mónica Aleuy quién conoce la obra mejor que yo. Ella seleccionó los dibujos que la integran.
Se pensó en dibujos debido a que, salvo excepciones, siempre se los ha mostrado como parte de un conjunto mayor de obra. 

Pero el dibujo ha constituído una actividad que se ha mantenido a lo largo de toda la producción. A veces relacionada al conjunto de la obra pero mayormente como una actividad independiente. 

Hacerla implicó revisar carpetas y blogs
donde se guardan miles de dibujos que 
no han sido realizados pensando en la 
noción de obra terminada. Son como 
ensayos, intentos de mantener una actividad que a veces no sabe adonde va pero aún así
se realiza. 

Si bien el criterio de selección no fue histórico hay dibujos con muchos años de distancia entre ellos. El primero que se incorporó fue "El Beso" de 1987.





Se trata de una carbonilla sobre papel de 70 x 100 cm. realizada a la manera tradicional, tratando de hacer del trazo una marca de autor. La imagen surge de los ritmos que se van trazando y que adquieren unidad sobre el final de la obra.  Las sombras están realzadas con el uso de betún para zapatos de color azul cuando está mezclado con el carbón y rosa cuando se lo aplica como pincel seco. El trazo permite acentuar los ritmos y las tensiones de las dos figuras. La introducción de los dos círculos que componen las cabezas le dan una racionalidad al conjunto al introducir un elemento geométrico que contrasta con lo orgánico del resto de la obra. 

La obra entronca con la tradición del dibujo "argentino", una verdadera escuela en la que hay que recordar a Lajos Szalay a Spilimbergo y por supuesto a Carlos Alonso. Tradición de la que me siento deudor y entre cuyos seguidores me incluyo. Las exigencias éticas de esta corriente fueron un horizonte de la obra en todo su recorrido.






Tiovivo es una obra de 1992 realizada en
grafito y aguarrás sobre hardboard. Algunas
figuras están hechas sobre papel y luego
montadas sobre el tablero. Es un juego 
compositivo de tres figuras cuyas miradas
conflueyen en el espectador impidiendo
un punto fijo de contemplación. Así se 
procura dar dinamismo al conjunto. 
Este tipo de intentos parecen curiosos
hoy en día dada la extensión que tiene
la civilización de la imagen. 






Esta obra se llama el abrazo y es una de las que más me gustan. No tiene más ciencia que una pareja dibujada en un abrazo. Por detrás de la imagen se levanta una ola cuyas ondan se suman a las del dibujo de la pareja. La factura del pelo, especialmente del jopo del joven contribuye a separar la figura protagonista del fondo, pero la idea es que se fundan. Por detrás puede verse la palabra ABRAZO hecha con letras de golpe acuñando el contraste entre la palabra y el dibujo. Contraste con el que busco sacar la obra de la contemplación. Su lectura saca al espectador de la fascinación por la imagen.


Este díptico (conjunto de dos obras que forman una sola obra) me gustó especialmente. En la primera una figura femenina se interna en el mar. Una pregunta, anotada con lápiz dice: ¿Qué era el arte?





La segunda responde a esta pregunta. Aparece el mar otra vez pero una figura interrumpe la contemplación. Se trata de una figura ojival hecha con carbón. Otra vez las anotaciones en lápiz dicen: ¿Un gesto emergiendo de lo oscuro? ¿Una oscuridad vuelta gesto? ¿Una emergencia?. Esta combinación de texto, y anotado sin pretensiones artísticas, así, como una anotación, más un dibujo hecho conforme a la tradición me parece una vía interesante. Busco como salir de la relación congelada entre imágen y contemplación bella.


Esta es la obra más reciente de la muestra. Se trata de REMEROS, un conjunto variable de dibujos, hechos en papel de escenografía, y presentados "desnudos". Una manera de decir, presentados sin marco en una relación directa con el cuerpo del espectador. Pueden verse las marcas del trabajo, del transporte, las arrugas y pliegues y las cintas que los fijan a la pared. Las figuras son personas muy caracterizadas en posición de sostener unos remos que no se ven. Sólo se ve el esfuerzo que hacen. El conjunto tiene gran tensión y los pliegues permiten presentarla de variadas maneras. 



Dos figuras más de los REMEROS. La obra nació como respuesta  a una invitación a participar en una muestra dedicada a la inmigración que organizó el CFI, con curaduría de Facundo Maldonado en 2017. La muestra se llamó El Viaje y fue expuesta en la sede del CFI. 



Otras dos figuras. Hay unas catorce dibujadas y hasta ahora no se han presentado juntas. Y tal vez aumente la cantidad. 




Esta obra está compuesta por dos partes. Un dibujo en la parte inferior que muestra una imagen confusa mezcla de figuras geométricas, partes del cuerpo y objetos. El estilo es el típico de aquella corriente del dibujo que mencionaba más arriba. Esa escuela donde Carlos Alonso fue su punto más logrado. Ese modo de dibujar los  pies es algo que tomé de él. Pero lo que ya no puede esperarse es que una imagen "funcione" de la misma manera que entonces. Han pasado muchas cosas. De ellas da cuenta el epígrafe del cuadro superior que dice: "Cómo volver a dibujar despues de Alonso, después de Orleti, cómo plantar una figura, alzar la mano incluso" El párrafo permite mezclar cosas de diversos órdenes. Alonso y Orletti son dos apellidos, pero uno es el del artista y el otro el de uno de los campos de concentración de la dictadura. Plantar una figura era la manera de llamar en la jerga del dibujo, a la composición de la figura humana. Y el dibujo "a mano alzada" era una especie de virtuosismo. Todo ello mezclado en ese párrafo, lo que fué y lo que de ese pasado lo torna imborrable. 



Es otro de los dibujos en los que creo haber encontrado una dirección. Se trata de un dibujo sencillo, a lápiz, y una anotación al costado. La imagen muestra un cajón roto y la leyenda dice: "Cuando lo ví pensé de inmediato en un objeto encontrado. Pero me dí cuenta de que ya lo había hecho Iomi" Y más abajo concluye: "El arte es pensar de inmediato" Recursos del humos y citas de la historia del arte. Todas confluyendo a responder a esa pregunta que es la fundante del arte contemporáneo ¿Qué es el arte?


Un dibujo sencillo. Dos perros. Nada más ni mada menos. Cómo seguir dibujando cuando ya hay tantas imágenes. Cuando los procedimientos para producirlas se han sofisticado hasta confundirse con la realidad misma. Un perro es tan bueno como cualquier otra cosa. Una paloma por ejemplo. Se las encuentra por miles en las calles. Todas iguales, todas distintas. Es la misma razón por la que elegí las piedras o las ostras. 



Este es otro intento. Se trata de Performance, un dibujo que es en realidad un proyecto de una performance que nunca fue realizada. La imagen muestra una figura soplando un embudo al modo de un altavoz o una trompa. Sobre el suelo hay dispuestos muchos bidones de agua. Al lado de cada uno un pocito con el montoncito de tierra correspondiente
En la parte inferior la leyenda da las instrucciones para la performance. "Hay que ir allá. Cavar un pozo. Verter agua. Ver como se escurre. No perder las esperanzas. Materiales: bidones (muchos) Agua (la que se disponga) y esperanzas por supuesto" Otra vez la ironía puesta a trabajar con la licencia de la poesía. 



Las "Palomas" fueron presentadas en forma circular. Pensadas originalmente como un libro que no llegó a hacerse. Al igual que los perros son figuras que pueden repetirse hasta el cansancio. O mejor: hasta desentenderse del tema. 






Y dos últimas fotos para cerrar esta publicación. En una puede verse un conjunto de dibujos. Y en la otra un dibujo a color. El único que integra la muestra. Un pastel, que no es una técnica que frecuente. Otra vez una leyenda y unos jirones arrancados al papel dejan ver la fragilidad y la ausencia de unidad de la obra.


domingo, 16 de septiembre de 2018

MITOS CHICOS

Esta muestra se llevó a cabo durante el 2014 en el Centro Cultural de Comodoro Rivadavia. La componían obras de varios años que no habían sido expuestas en Comodoro Rivadavia por diferentes razones. Una de ellas era la carencia de un lugar como el que actualmente cuenta el Centro Cultural
. Estas obras se hicieron en el horizonte del cubo blanco, ese mito de un lugar despojado de cualquier interferencia entre el espectador y la obra. No era un mal sueño. Era un mito en realidad, uno de esos mitos chicos que dan lugar al título de la muestra. 

Aquí puede verse un conjunto de piedras con forma de manos de esas que se usan como llamadores en las puertas. Por supuesto que en el paisaje al que evocan no hay ninguna puerta a la que llamar. Sin embargo al caminar por ahí se encuentran fragmentos de algo que fue y eso llama a la imaginación, al mito.


"Memorial" se llama la obra de la derecha y es una piedra que tiene un fragmento de una palabra. El espectador tendrá que reconstruirla. Una tiza  de las usadas para marcar ovejas suelta un polvo amarillo a medida que se la frota. No es Aladino y si aparece algo sera pura imaginación.



 Esta se llama "Egalité" y está compuesta por un espejo redondo, unos escombros que lo sostienen, y dos pilas de piedras, unas "rubias" y otras "morochas". Es un decir. En el centro del espejo interrumpiendo el reflejo del espectador, puede leerse Egalite.




"Batea" es lo que el título dice, una batea como las que se usan para amasar harina. En un costado puede verse una figurita de arcilla enfrentada a un montoncito de barro. 
En una versión posterior la figura estaba cocida. El conjunto mide un metro de lado y se presenta sobre el piso. 


"El Soñante" es una figura de piedra que combina las diversas formas que tienen naturalmente. Las recorre un texto que dice: "Soñó alcanzar por fin la unión de sí y el mundo" Por supuesto que este texto está repartido en cada piedra y sería poco probable que, abandonadas en el campo, pudieran mantenerse juntas. 


Aquí puede verse un detalle de El Soñante, se trata de un pie, que junto con la mano permiten la lectura de la composición. El pie está tallado con cuidado para sumar la artesanía del arte a la de la naturaleza. Pero ante la amenaza de que este conjunto fuera abandonado como ha sucedido con otras obras, es aquí donde se revela el valor que teme perderse. 

Aquí pueden verse dos obras que dialogan. "Eco" que es un dibujo sobre lona y "Eco" que es una escultura compuesta por dos conos de hojalata que enfrentados dan la ilusión de "hablar". Es un recurso que me atrae mucho el de combinar diversos recursos y hacer aparecer la obra en diversos registros.



Aquí una vista panorámica de la muestra donde se ven los dibujos y una de las instalaciones, llamada "Darwin". Es un nombre que aparece en otras obras debido a que su relato es uno de los que ha modelado el espacio donde vivimos. Se trata de un conjunto de bolsas de lona blanca
llenas de arcilla, también blanca. En su interior están dispuestos unos embudos de boca ancaha, cuyos extremos afilados rompen las bolsas dejando ver un escurrimiento de agua arcillosa ya seca.
A su alrededor hay una frase del viaje de Darwin donde él anota sus impresiones con la meseta. Especialmente que en el silencio oía voces misteriosas.
                                                                                     

                 
Aquí una vista de Darwin mas de cerc   La otra obra que lleva este nombre es la                          piedra tallada y abandonada que encabeza esta publicación. Este recurso de abandonar          objetos es una modificación del método del objeto encontrado de Duchamp. Aquí se abandonan en el paisaje figuras, piedras o palabras que son registradas fotográficamente Pueden encontrar en este mismo blog varias obras realizadas con ese procedimiento.     



Y por último INVOCA que es un conjunto de embudos de un metro sesenta de altura. Se han presentado encadenados en Trabajo de Campo que puede verse en este blog. Los espectadores los han usado como altavoces. 






sábado, 30 de diciembre de 2017

DEJA VU

DEJA VU 

Ajuste, inflación, caída del consumo y desempleo. Protestas y represión. Y luego más ajuste, más represión y así…Todo eso envuelto en un inocultable clima de deja vu. Mientras tanto, y como si nada, ellos auguran estabilidad y crecimiento. Yo no lo creo, pero una mitad de los habitantes de este país lo cree a pie juntillas. Ya pasó otras veces y al ciudadano común sólo le llegaron las consecuencias del ajuste. Los liberales hicieron esto muchas veces y siempre terminó igual: ajuste: desempleo, inflación y caída del consumo; protestas y represión Y otras tantas veces volvieron a presumir de serios. Ellos y su masa de votantes que siguen convencidos de que son la verdad y el cambio. Déjenme decirles que ellos (1) son los incorregibles.
No terminé de elaborar la derrota del dos mil quince. Ni la súbita deflación de lo que parecía un movimiento importante que no pudo resolver su sucesión. Pero la maquina política sigue adelante. Y estos tipos lo están haciendo de nuevo. Por eso que quiero hacer una pausa para pensar un poco. No me sirven las consignas militantes que apelan a una fe que no dispongo. Ni puedo refugiarme en el cinismo desencantado o “apolítico”. Me enoja el calificativo de “chorros” con el que nos tapan la boca, nada menos que éstos tipos que corrompen todo desde mucho antes de la aparición del Kirchnerismo. Pero, más allá de contestar mentalmente al “chorros” con “garcas”, tampoco encuentro otra respuesta. No me sirve de mucho decir que desde siempre la política se financió con los favores del Estado; empezando por el actual presidente cuya fortuna le debe casi todo al método. La máxima cínica,  “roban pero hacen”, es inaceptable. Y no es menos cínica la respuesta que lo deriva a la justicia para su resolución. El aparato judicial está podrido hasta el hueso, por miedo o por plata, y no creo que nos permita encontrar una repuesta.
La conversación política se polarizó durante la década K cuando comenzaron a trazarse las dos posiciones que hoy se caracterizan como “La Grieta”. Antes, esa conversación estaba dominada por la abulia apolítica de la clase media, identificada a los gustos del capital. Abulia apoyada en una creencia central en ese campo: que las reglas del sistema son económicas e inexorables y mejor que nadie se meta con eso. Después de todo, los perjudicados son otros.
En el otro extremo se encontraba el pesimismo iluminado de la izquierda, afectado por la experiencia de la violencia. Pasmados ante la encrucijada de la acción directa o la protesta sin política. Ninguno de esos dos extremos permitía el avance del proceso político. Avanzaba sí, en sus pretensiones, lo que genéricamente llamamos “la derecha”, y aun así debía imponer su ambición mediante golpes de estado.
Y también avanzaba, aunque de manera intermitente, lo que voy a llamar el Peronismo consolidado, al que creo necesario distinguir del Kirchnerismo. Ese peronismo tradicional se instaló como un intermediario altamente eficaz  entre el capital y el trabajo. Su aparato político – gremial fue el agente de la mayor parte de las transformaciones sociales producidas en el país. En ellas pueden reivindicarse una larga lista de conquistas populares. Pero también una larga lista de defecciones, cuyo acmé se alcanzó en tiempos del Dr. Menem.
Ese fenomenal aparato de influencia hundió sus raíces en todas las áreas estructuradas alrededor del conflicto entre capital y trabajo (salud, legislación laboral, régimen previsional y recreación) convirtiéndose en el camino ineludible para cualquier experiencia política. Pero los adherentes a este movimiento conservan una reserva respecto de su filiación, porque ese movimiento tocó los resortes del reparto de bienes y perjuicios sobre el que asienta el sistema de creencias que funda lo político. Y eso no se hace sin consecuencias. Más allá de los hechos de corrupción que seguramente hubieron (las cajas de los sindicatos por ejemplo) el mote de chorros proviene de haber tocado ese fondo.
El ensayo Kirchnerista partió de su corazón, aunque su diferenciación posterior descolocó la estructura política de ese aparato. Y diría más, aunque con todas las reservas, ya que no tengo la formación histórica o política que me habilite a decirlo, pero creería que la distancia que tomó el Kirchnerismo de ese aparato, fue lo que habilitó a la derecha neoliberal – a su turno - a soltarse de él. Pero todos perdieron pié. Y salvo Cambiemos, que ahora avanza liderando la agenda al mejor estilo Kirchnerista, los demás están viendo donde volver a pararse.
El Kirchnerismo introdujo la novedad de probar un cambio en el régimen de reparto desde el estado mismo. Y avanzó; aunque con ello cometió una falta imperdonable para todas las creencias políticas. Para la izquierda porque el estado es considerado como la consolidación de las fuerzas hegemónicas y toda su política es presionarlo mientras difieren sus promesas para cuando el pueblo tome las calles y obtenga por fin “lo que es suyo.” A derecha, porque el estado era – y es - el obstáculo a la regencia absoluta del mercado. Pero la acción del Kirchnerismo también perturbó la mediación que ejercía el peronismo tradicional. El ensayo Kirchnerista acertó en las expectativas de un amplio sector que encontró en él una superación de las opciones clásicas. De ahí que la izquierda, el peronismo tradicional, y la derecha liberal, compartan el odio al Kirchnerismo. Esto ya es un obstáculo mayor a cualquier prosecución de la conversación política. Al Kirchenrismo se le niega la condición de un participante en dicha conversación y muchos querrían verlo demonizado y anulado completamente.
Por otra parte, la conversación política* está hoy tomada por los medios de comunicación, quienes, además de superar en capacidad de influencia a cualquiera de los otros aparatos, disponen ahora del negocio de vender indignación. Al menú de crímenes y famosos miserables agregaron la discusión destemplada o el debate “educado” que enseña modales democráticos. Debo decir que me tienen repodrido y más en tiempos de campaña. Pero como insisto, no me conmueve la arenga, ni me cabe el descreimiento, me pregunto: ¿es posible reanudar la conversación política? ¿O ya quedó atascada y ahora hay que esperar a que alguien encuentre el camino?
Me siento más inclinado a creer que la conversación está, por ahora, clausurada. Ha entrado en un callejón sin salida a cuyas razones habría prestarle más atención. En ese callejón todas las opciones políticas se reducen a dos bandos empeñados en encontrar la chicana, o la noticia más eficaz, para herir moralmente al otro. Y ese empeño por tocar el ser del otro para aniquilarlo se llama odio. Ningún progreso de la conversación puede esperarse en ese punto. Y creo que llegamos hasta ahí no sólo por el devenir de las distinciones políticas. Estas, es cierto, se trazan en esa sustancia que, por ahora, voy a llamar moral, porque no encuentro otro nombre más eficaz. Pero la oposición en el odio está más ligada al modo en que nuestras creencias son modeladas por el universo comunicacional. Este complejo aparato nos “informa” del mundo y es en relación con él que creemos lo que pasa. No es sólo una creencia en el sentido religioso del término, que requiere siempre un suplemento de fe. Aquí le otorgamos credibilidad a una noticia y en función de ella tenemos la íntima convicción de que ocurre. Y más aún, eso es  lo que queremos que ocurra porque así convalidamos nuestra íntima convicción. No queremos saber otra cosa que lo que queremos saber. Hoy a eso le llaman pos verdad. Encontré una definición que me gustó y la cito (1): “Según nos informan los medios de comunicación, nos hallamos inmersos en la era de la pos verdad, neologismo oficializado por  el ‘Diccionario Oxford’. Viene a significar que la opinión pública tiende a moldearse en base a las  creencias preconcebidas de cada individuo, es decir, a sus ideales, a la evocación de sus sentimientos y a la exaltación de sus emociones,  en detrimento de los hechos objetivos e inequívocos.”
Y aquí introduzco una hipótesis muy arriesgada, no sólo porque carezco de formación para hacerlo y ello me expone al rechazo de propios y ajenos, sino porque no es más que un ensayo que busca aplicar un concepto importado de otro campo**. La hipótesis es que el límite al progreso está dado, no por lo que queremos saber porque refuerza nuestras convicciones, sino por el rechazo radical de aquello de lo que no queremos saber nada. Y esto es válido no sólo para el Kirchnerismo, sino para todos los que participan de la conversación política. Este “no querer saber nada” me parece tan importante que me pregunto si no es el verdadero motor de la política. Ahora bien, esa negación radical habilita a los otros a suponer lo que se esconde en ella. Y aunque no es más que una suposición funda las creencias que alimentan toda la conversación política. Por ejemplo: yo creo saber lo que la clase media rechaza y oculta bajo su indignación destemplada (siempre son inocentes). Y creo que trata de la complacencia íntima e inconfesable con el ajuste y la represión (incluidas las muertes). Y supongo de qué no quiere saber nada la izquierda y es de su oscuro rechazo al poder (por eso no tienen corruptos) que esconden acentuando la denuncia y la movilización. Cambiemos no esconde nada porque es la acción misma a cielo abierto. Pero de lo que no quiere saber nada es que haya límites a su acción, políticos o legales. Rechazan que la ley sea un límite a su poder, puesto que la república fue fundada por ellos para perpetuar sus intereses. Y más profundamente aún, que su sistema requiere un excluido, y ello va más allá de la explotación de su fuerza de trabajo. Nostalgia de la esclavitud, goce de la sumisión ajena, llámenlo como quieran.
El peronismo tradicional también es una fuerza franca. Me refiero a que su ambición suele estar a cielo abierto. Saben que a al nivel de los intereses las diferencias se borran y tallan sólo las conveniencias. Pero de lo que no quieren saber nada es de que, en política, no se trata sólo de intereses descarnados que igualan a pobres y ricos. Lo que se juega es una forma del valor que no se funda en el dinero o la fuerza y cuya discusión implicaría ir más allá de los despachos reservados donde se deciden las cosas (el lugar del lujo en el peronismo podría ser una buena puerta de entrada a este tema).
Pero me pregunto: ¿de que no quisimos saber nada, nosotros, los Kirchneristas? Y ya deben estar haciendo fila para contestarme. Porque eso, de lo que no queremos saber nada, es lo que nos vuelve del otro de la política, ¡pero como insulto! De ahí que cuando la conversación entra en este callejón sin salida sólo se oyen injurias de un lado y del otro.
Y creo que de lo que no quisimos saber nada, es que el cierre que clausura el fondo de la política no se toca sin consecuencias. Y ese fondo clausurado no es otra cosa que el valor que rige el reparto de bienes y perjuicios. Ese valor que Cambiemos muestra de manera obscena, y más desde que está envalentonado con el apoyo de esa mitad del país identificada a los gustos y modales de los beneficiarios “tradicionales” del reparto. La “fiesta”, como le llaman, y a quién le toca pagarla. Las identificaciones más profundas de la ciudadanía asientan en el lugar que cada quién se asigna en esa fiesta. Desde los que miran de afuera, pero opinan, porque así parece que saben de qué se trata, y hasta podrían ser parte de la fiesta; hasta los que se excluyen porque la fiesta no es para ellos. Los primeros son numerosos, y además rigen el destino de la política, ya que su consumo de modales y gestos lo obtienen en los medios de comunicación, que les venden el parecido con los verdaderos poseedores de ese fondo. Y de paso los medios fabrican el sentimiento de realidad conforme a los intereses del capital.
Los segundos están confinados en sus lugares, no sólo porque las barreras económicas les impiden una mejor posición en el reparto, sino porque las barreras estéticas (en el sentido fuerte de la palabra) tejen un muro de modales y gestos que indica lo que es para ellos y lo que no deben tocar nunca. Y si lo hicieran no harían más que subrayar su lugar. (Una cartera de Louis Vuittón “no debe” usarla cualquiera)
Y podríamos llamar obscenos, a quienes detentan los emblemas de ese valor. Pero ellos, al menos en Latinoamérica, sin los otros dos no sabrían ni de que gozan.
Ese fondo es esencialmente corrupto porque allí la ley queda en suspenso. Para los que llegaron hasta ahí y fueron reconocidos, o para quienes recibieron la posición por herencia, la ley tiene cierto carácter secundario, porque esa forma de acceso a los bienes es anterior a ella. El asunto merece un estudio más serio,  pero creo que ese estado respecto de los bienes y perjuicios es lo que los juristas llaman posesión y que es una relación al bien anterior a la ley. Esta, a su turno, no hace más que consolidarla y dotarla de una justificación institucional.
Ese fondo está cerrado y abrirlo no es asunto de veleidades políticas. Hace falta otra cosa que consignas libertarias o discursos encendidos. Ese fondo no es un asunto jurídico, a pesar de que la ley se funda sobre él. De allí que pretender tocarlo encienda los más enconados resentimientos. Nosotros no quisimos saber nada de eso. Creímos que bastaba con un liderazgo fuerte que avanzara y que el resto de la sociedad reconocería el gesto y se sumaría espontáneamente. Creímos que, tenencia y posesión, eran sinónimos, pero con ello revelamos que sólo éramos parte de los mirones de la fiesta y que nunca entendimos ese fondo oscuro. El Kirchnerismo es esencialmente un movimiento de una parte la clase media argentina, que sienten cierta incomodidad con sus privilegios y quisieran un destino más igualitario para ese fondo. Por otra parte, ese no querer saber nada también vale para nuestros corruptos, que confundieron posesión con apropiación, y entraron como si nada. Ahora pagamos las consecuencias.
La dictadura no fue otra cosa que la materialización obscena de ese fondo coagulado. Los militares también creyeron que, como se creían anteriores a la patria, detentaban la posesión. Craso error. Ellos tampoco poseían. Pero consiguieron instalar el miedo que retorna en nuestros días y que hace que cualquier aprendiz de patroncito nos haga callar la boca con el mote de chorros.
Sea lo que haya sido el Kirchnerismo tiene pendiente elaborar las premisas de su posición para orientarse en lo que sigue. Y lo que es más importante aún: distinguir el impulso que lo motoriza de su conducción. Hasta el dos mil quince ese impulso estuvo indisolublemente ligado al carisma de sus figuras centrales: Néstor y Cristina, a quienes llamo por sus nombres de pila como muestra del afecto que aún me despiertan. Luego del dos mil quince, esa mezcla de impulso y conducción ya no fue posible reanudarla sin más. En parte porque se asentaba en una idealización que el rencoroso ataque mediático y judicial impidió reponer. Pero también porque el movimiento se encontró con sus límites y eso no se resuelve disolviéndolos en el liderazgo carismático de Cristina ni de ningún otro.
Ahora bien, elaborar los límites al progreso del Kirchnerismo es la tarea central hacia el interior de ese movimiento en pos de definir su campo y su forma. Ello no va a obtenerse reivindicando los logros. Ya lo intentamos. Y pese a recitar largas listas de objetivos cumplidos nunca se obtuvo ningún reconocimiento. Al contrario, enervó todavía más el odio que busca borrar del mapa al Kirchnerismo y retornar al estado previo. Pero no va a ocurrir – volvamos o no - la distinción trazada no tiene retorno. Ahora esto es muy distinto de encontrar su progreso y su forma.
Pero todavía hay que encontrar que hacer. No sólo para ponerle un límite a estos tipos (y al ansia de represión de sus votantes) sino para disputarle la conversación a los medios. Encontrar un hacer que reponga la conversación efectiva (sin ninguna apelación a la unidad de los argentinos por favor)  porque si la conversación queda abolida se hará más presente el fondo oscuro y violento de la política.

José Luis Tuñón


* La conversación es un campo amplio que abarca desde el magazine de la televisión hasta la cola del banco o, y lo más grave, la cena entre amigos o el domingo familiar. Y en esa conversación, que no es banal, se juega el destino de los enunciados en cuyo marco se tomarán las decisiones políticas. Aún con un gobierno que se desestime las opiniones ciudadanas todas las decisiones que se tomen se harán más o menos dentro del marco de esos enunciados. Nunca como en este gobierno vimos cómo se prueban enunciados para violentar su resultado.

** Se trata de la conceptualización Lacaniana sobre el goce. Es sobre el fondo oscuro de un goce inaccesible que el humano habla tratando de darle forma a eso que se le escapa y de lo que no querría saber nada.
(1) “Los peronistas no son ni malos ni buenos, son incorregibles” es una frase atribuida a J.L.Borges.





(2) https://visioncritica.com/2017/06/14/poslenguaje-manipulacion-dialectica/

domingo, 5 de marzo de 2017

ENTRAÑAS

ENTRAÑAS

El ejercicio de la crítica se ha ido diluyendo. Su práctica dependía de exponer la representación a la verdad. Pero ya no es necesario, ni siquiera moralmente exigible. Toda la cultura ha adoptado los modos del arte que, por principios, no exigen la denuncia de la representación. Por el contrario, como el arte exige el consentimiento a la representación, sólo dándolo es posible acceder a la satisfacción que ofrece. Por eso se habla hoy en día de post – verdad. La verdad, sustento de la crítica, exponía e interpretaba la brecha entre una experiencia y su representación. Pero hacerlo hoy sería tan tonto como levantarse a la mitad de una función de teatro quejándose de que aquello es una mentira. ¿Entonces? ¿Por qué no me relajo y disfruto de la función? Porque no lo dije todavía, pero, y aunque rayano en la tontera, este escrito es un nuevo intento de hacer crítica. Una crítica chiquita, por eso digo tontera, porque se trata de comentar una de esas experiencias que se ofrecen al turismo y de las que siempre aprendo algo (y donde no dejo de sorprenderme del inagotable candor del capitalismo) Pero como dije, es tan tonto como denunciar el carácter representativo de una obra de arte. El arte ofrecía experiencias extraordinarias, pero eso ahora lo hace el turismo, los medios de comunicación y los lugares masivos de compra. En todos ellos se ofrece esa experiencia. Entonces, quizás, aplicar aquí los viejos métodos de la crítica a esta tontera, tal vez nos divierta un rato, y nos ayude a mantener abierta la brecha entre representación y experiencia, brecha que en esos tres lugares se procura clausurar para siempre. La experiencia de la que quiero hablar hubiera tenido, en otros tiempos, todos los ingredientes para conmover el límite entre fantasía y realidad. Porque se trata de un descenso a las entrañas de la tierra. Y ya decirlo así tiene el estilo de la ficción “de verdad”, esa que procuraba agregar un elemento real que excitara la imaginación agregando credibilidad al evento. En el caso que comento, la palabra “entraña”, que une de un plumazo el interior de la tierra y el del cuerpo. Como uno y otro son inaccesibles a la experiencia común, la imaginación se despliega allí a sus anchas. Bueno, pero basta de introducciones: fui con mi familia a unas cuevas situadas debajo del volcán Villarrica.
El paisaje era soberbio. De frente, el lago del mismo nombre, azul, y azul las montañas que lo rodeaban, cubiertas de una masa vegetal tan espesa como explotada. Alrededor del lago la multitud de pueblos, pueblitos y ciudades que la conformación de esta tierra y el modo de vivir de su gente, han sembrado por todos los rincones. No hay recodo de ningún camino que no se anuncie con la entrada a un pueblito más o menos ignoto. Y ya podemos empezar el ejercicio, porque esa cualidad se nos antoja a nosotros, occidentales identificados a un centro donde todo puede ser conocido. Desde ese centro denso estos pueblos son entendidos como periferia en la que se va diluyendo la visibilidad hasta quedar ocultos. Y no hace falta vivir en una gran ciudad para que la experiencia se organice de esta manera. Cuando esa cualidad se transfiere a la propia persona surgen esos sentimientos de olvido y abandono que oigo a diario en uno de los pueblos donde vivo.
Pero imagino que podría haber en las gentes es estos pueblos, otro modo de experimentar las cosas, quizás una forma diferente de aquella geometría del espacio. Y es más, ahora mismo dudo si la palabra geometría no introduce ahí una categoría nuestra. Para nosotros el espacio es geométrico, con el geo en primer lugar y el métrico después. Por contraste, imagino (dije imagino) que estas gentes tienen una experiencia del espacio muy diferente; abierta, por ejemplo, y desprendida de esa pretensión de más allá que tanto nos caracteriza.
No habría que olvidar que esto es un pequeño ejercicio basado en las sospechosas especulaciones de un occidental disfrutando de su ocio, es decir, el tiempo no consagrado (¡consagrado!) a la producción. Un occidental de viaje, para colmo. Pero vayamos a la cueva. A nuestra espalda (recuerden que al frente teníamos el lago Villarrica), el volcán Villarrica. Tardamos tres días en verlo debido a las gruesas nubes que lo cubrían. Pero verlo fue sobrecogedor. Mientras íbamos hacia él hacíamos chistes nerviosos sobre la calma que precede a la tormenta. Pero no era calma, era estabilidad. La estabilidad que entrega el capital mientras la explotación funciona. En su influencia se vive un continuo presente, incluido el futuro que sólo es presente a la espera. Si reparan en los anuncios que ofrecen experiencias verán que el tiempo verbal está puesto en el imperativo que es una forma del presente. ¡Vive una experiencia extraordinaria!
A la una estábamos reunidos alrededor de la chica que haría de guía. Digo chica, porque – y como ya me ha pasado otras veces – se dirigía a nosotros como chicos y su pedagogía aniñada nos hacía recordar la escuela primaria. Flotaba un clima de excitación nerviosa que fue interrumpido por la salida de la cueva del contingente de las doce, a cuyas expresiones prestamos mucha atención. Al menos habían salido todos. Una señora venía tomada del brazo de su esposo y del guía mientras repetía “es mucho, es mucho”. Y aunque no sabíamos a qué se refería, lo atribuimos a la experiencia misma. A esa altura nuestra experiencia ya estaba configurada por la forma canónica de occidente: un suceso que se expande desde un centro, donde la experiencia es máxima, hacia un espacio circundante, cuyo tiempo se mide por la disminución de la intensidad. Es el modelo de la campana, cuyo sonido marca tanto el lugar de la experiencia como los aledaños. Este modelo vale tanto para un orgasmo como para una misa. Y también el adentro de esa experiencia y el afuera desde donde podemos apreciarla, mientras regulamos la distancia con ella. Hay quienes gozan de zambullirse y quienes la prefieren diluida. Ese modelo también es el de nuestras fantasías, crecidas a distancia, puesto que ese centro intenso es tan temido como deseado.
Pero volvamos a la cueva. Antes fuimos a un recinto circular, o más bien, octogonal, al que llamó Ruca, puesto que su inspiración provenía de la cultura Mapuche en cuyos íconos buscan su referencia la mayoría de las experiencias ofrecidas al turismo. Pero dentro de ese recinto la chica nos dio una sucinta y didáctica clase de vulcanología. No había allí ninguna sabiduría ancestral, y la que había era subsumida en el temor reverencial que nos despiertan los eventos que superan la escala humana. Oír hablar “del viaje de la India” desde su unión con África hasta su emplazamiento actual. O que nos anoticiáramos que nos acercamos a Europa a razón de cinco centímetros por año. Que llegáramos algún día nos confrontaba al hecho de que, ninguno de los presentes, estaría, valga la redundancia, presente. Pero también que allí se hablaba de un nosotros en el que nos incluíamos todos. Lo sagrado había sido reemplazado por la ciencia, que ahora velaba por nosotros monitoreando las entrañas. Y para demostrarlo, en un costado y a modo de tótem, se exhibía un viejo sismógrafo analógico, memoria de un anciano sabio cuya sabiduría había sido superada por las nuevas tecnologías. De todos modos la chica dijo que los registros del viejo sismógrafo no habían sido superados en exactitud. Su virtud analógica le permitía percibir temblores y espasmos imperceptibles para los otros (la virtud analógica se caracterizaba precisamente por una mediación directa y no las vulgares traducciones digitales que debemos tragarnos hoy en día).
Luego nos enfrentamos a la boca de la cueva. Todos teníamos un casco para no darnos la cabeza contra las salientes que la cubrían. El clima era oscuro y ferruginoso. La pared íntegra goteaba regularmente, y, de haber logrado un minuto de silencio, sólo uno, hubiéramos podido oír el multitudinario sonido de esas gotas contra el fondo del eco de la cueva. Pero el capitalismo no soporta el silencio. Siendo, como es, pura representación, el silencio equivale a la muerte. Nos hizo muchas advertencias sobre los riesgos. Era un balance difícil mantener el clima armonioso de la excursión y el imprescindible nerviosismo de la excitación. Y además, cuidar que nadie se rompiera la cabeza, o cayera de una plataforma. Por si alguno se lo preguntaba, se nos dijo que el monitoreo permitía suspender las excursiones al mínimo indicio de peligro. Sin embargo, el objeto del deseo era la amenaza, claro, y la presencia misma del volcán  encima de nosotros era la prueba. Porque, lo supimos allí, esa cueva alguna vez fue superficie, ya que el volcán crecía por sucesivas emisiones de lava. Lo que veíamos en las paredes eran las salpicaduras de roca fundida. Por todos lados había chorreaduras, flujos y burbujas detenidas en el momento de su enfriamiento. Allí, detenidas, como un fotograma detiene el curso de la película conservando la “frescura” del proceso. Viejo sueño de occidente, convertir las cosas en su imagen y luego, animar las fotos, agregarle sonido, tacto, gusto, olfato hasta conseguir un símil de la fantasía. ¿Se entendió? No de la realidad, de la fantasía. Por eso la función es mala aunque vayamos al centro de la tierra. Hemos renunciado hace mucho a la experiencia.
El trayecto duró una hora exacta, en la cual descendimos ciento cincuenta metros. Una cuadra y media que, en el barrio no es nada, pero por debajo del volcán cambia la perspectiva.
Por supuesto que era imposible no preguntarse por el demonio pero la respuesta se hizo esperar hasta el final de la cueva. Bueno, el final no porque continuaba más allá, pero nosotros no iríamos. La guía nos contó que unos exploradores franceses en la década del ochenta lo habían  intentado sin éxito, lo que atribuyó a no contar con la tecnología que hoy contamos. Luego nos invitó a apagar los celulares y a hacer silencio. Ella apagaría la luz que en el techo de la cueva alumbrada débilmente la escena. Un estremecimiento recorrió el contingente. El silencio parecía imposible salvo cuando se apagó la luz completamente. Dijo que así se debieron sentir los exploradores franceses, pero sonó raro. Ya Verne en su viaje al centro de la tierra llevaba linternas. Acto seguido nos recordó cual era el nombre originario del volcán. Villarrica era el que le habían puesto los “colonos” como le dicen aquí a los colonizadores. Se llamaba Ruca – Pillan, traducido como casa del diablo. Las risas nerviosas interrumpieron el silencio. Se prendieron todas las luces y fin de la función. No sé qué entendían por diablo los Mapuches, pero éste, el de la traducción, es el viejo diablo occidental, que tanto tienta como castiga a los que quieren acercarse al centro de la experiencia y que ahora, como siempre, trabaja para la empresa. Afuera la amenaza seguía intacta.