jueves, 30 de agosto de 2012

EL CRISANTEMO DE MONDRIAN


EL CRISANTEMO DE MONDRIAN
Piet Mondrian Chrysanthemum, 1908
Artículo redactado luego de la charla ofrecida el 10 de agosto en Rio Gallegos, en el marco de la la muestra "LOCAL", en el Museo Minnicelli.


En 1908 Piet Mondrian dibujó un primoroso crisantemo; siete años más ese crisantemo estalló y sus pétalos volaron convertidos en las formas, cada vez más puras, que conocimos como arte moderno. ¿A que fuerzas respondió ese movimiento que destruyó la apariencia de las cosas reduciéndola a las formas que la constituían? A pesar de todo lo que hemos discutido a lo largo del siglo XX no sabemos mucho sobre ello, probablemente la apariencia “natural” de las cosas dejó de ser suficiente y  despertó el ansia por ver lo que había detrás. Lo concreto es que la apariencia de las cosas se destruyó y si bien se ha vuelto a recomponer, ya nada será como antes. Esa recomposición se hace ahora guiados por expertos en diseño quienes tienen un horizonte muy diferente al de Mondrian: no buscan ninguna verdad en el interior del crisantemo, solo gozar de la forma. Cuentan para ello con el saber elaborado a lo largo del siglo XX en las fábricas semióticas, donde se sirvieron de aquel amor de Mondrian por la “verdadera” estructura del crisantemo y sus leyes.
A muchos años del estallido, los pétalos todavía se desplazan de modo diverso y en distintos tiempos. Conozco artistas que siguen investigando la forma de los pétalos y anotando sus resultados como imágenes de autor. Y también conozco a quienes sostienen la creencia en que, la apariencia de la realidad, es aún sólida y debe ser perforada para develar la verdad que oculta. Verdaderas patrullas perdidas del vanguardismo que merodean por los pueblos. Y tampoco es infrecuente encontrar lugares donde siguen cultivando el crisantemo con amor y no necesitan andar mirando lo que tiene debajo de los pétalos. Por el contrario, desconfían de cualquier movimiento que pretenda separar la realidad de su representación, y cuando ocurre, lo viven como un ataque a las esencias mas verdaderas.
Digo que esto ocurre en los pueblos, porque de ese modo me alivio de tener que referirme a una entidad tan controversial como la sociedad. Los pueblos, y mejor aún: los pueblos del interior, se encuentran en todos lados, incluso en las grandes ciudades.
Pero en las ciudades chicas de por acá es posible encontrar a todos esos grupos conviviendo malamente, y peleando para que su concepción del crisantemo sea declarada la única, la verdadera forma del arte.
Ocean 5 - 1915 Charcoal and gouache on paper 87.6 x 120.3 cm
Repaso: están los advertidos: ellos saben que en el centro del crisantemo no hay otra cosa que vacío y venden el envase a título de desmaterialización. Luego siguen los que deshojan el crisantemo en nombre de la verdad y registran cada pétalo como una conquista formal que habilita firmarla (Se olvidan que el autor es una ficción necesaria para fijar el estallido a un nombre) Y finalmente, están los que no quieren saber nada de la relación entre el crisantemo y su forma. Para estos la apariencia y la esencia de las cosas es un asunto serio: se empieza por cuestionar el crisantemo y se termina por la nación, o por la madre, que nunca se sabe adonde son capaces de llegar estos modernos.
Últimamente, estos defensores de la tradición han recibido el auxilio de un grupo incorporado recientemente a la escena cultural. Digamos, un par de décadas; casi al mismo tiempo en que el mercado se volcó masivamente a vender apariencias* fabricadas en los estudios de diseño y los laboratorios de opinión pública. Me refiero a los habitúes de los innumerables talleres de pintura, cerámica y otras técnicas, aparecidos en el horizonte de la cultura por esa fecha. Son tantos que la misma noción de democracia se conmueve. ¿Exagero? Si, aunque un taller cualquiera de pintura decorativa sobre tela, puede reunir unas treinta o cuarenta personas. Y si se juntaran varios de estos talleres en un fin de semana para hacer una exposición, constituirían un evento que ningún secretario de cultura, o responsable de una fundación, podría ignorar. La rivalidad entre estos talleres ha impedido que esto ocurra. Si alguien les dijera que sus obras empobrecen el arte por recurrir a los estereotipos mas obvios, ellos se encogerían de hombros diciendo que solo hacen lo que les gusta. Incluso podrían volver el rostro y señalar a unos cientos de sus seguidores asintiendo con sus cabezas. Y si en la discusión, alguien les dijera que eso no es arte, ellos responderían con un argumento conocido: ¿y usted quién es para decir lo que es arte y lo que no? Quedando en una posición similar a la de Duchamp cuando presentó su célebre urinario al jurado de los Independientes.
En la escena local no es un problema menor. En las escasas salas disponibles se ven caballetes como en el siglo XIX, con colecciones completas de todos los estereotipos del siglo: cisnes enlazando sus cuellos, cascadas que titilan, tigres fieros de bengala y caballos de larga cabellera, valga la redundancia. Se invoca a la democracia y la igualdad de oportunidades. Y tienen razón. Y además, como suele tratarse de ciudadanos influyentes (hay que decir que se trata mas bien de ciudadanas, y dejo a los investigadores del género la preferencia) es difícil rehusar una invitación a exponer, y más cuando se hace en nombre de alguna causa solidaria. He oído testimonios de vividos sentimientos al copiar fotos de la Nacional Geografic. Quiero que se me entienda: no estoy haciendo una ironía. Los de la patrulla vanguardista se deben estar riendo, incluso creyendo que alguien les está haciendo justicia. Y los fieles del diseño barcelonés también. Tal vez crean que esto lo escribe alguien que sabe de verdad lo que es el arte. No, no estoy haciendo una ironía, solo presento los hechos que ilustran esta verdadera batalla por el reconocimiento. Que en una situación similar se encuentran quienes recurren a los estereotipos modernistas y se quejan de que su obra no es reconocida por los del bando contemporáneo.
Porque ese es el asunto: todos se quejan. Los contemporáneos de que ellos, “que son los verdaderos artistas”, deben tolerar que se los junte con los modernos, en donde hay de todo, hasta cubistas. Los modernos (pintores por lo general) se quejan de que los contemporáneos son siempre los mismos y se quedan con lo poco que llega, y encima con malas artes, como presentar porfolios y archivos digitales evaluados por curadores y críticos que eligen solo a los contemporáneos. Y finalmente los pintores decorativos que también se quejan de que no los llaman ¡a ellos que son los que mas llegan al público!
Así está la cosa en el pueblo. Creo que este barullo se ha armado porque nadie sabe que hacer con el arte. Con las artes visuales mas bien. Los músicos se las arreglan bastante bien, los poetas se leen entre sí, y el teatro conserva buena parte de su potencia intacta. El asunto es con la imagen. Ya no hace falta que un artista la produzca. La imagen la producen hoy los laboratorios de diseño asociados a los medios de comunicación, y sus fines, y sus códigos, son muy distintos al arte. Por lo pronto no se espera ninguna eternidad, más bien impacto y ganas de ver otra más y otra, y otra. Hay una imagen cerca del obelisco, en Buenos Aires, que ocupa todo el ancho del edificio que lo enfrenta. ¿Qué obra puede competir en impacto, incluso en calidad, con una imagen de esa dimensión? Pero ya me voy a referir en otro articulo a la proliferación imaginaria y sus efectos. Por lo pronto el arte - como lo conocimos - no es más necesario. Siempre alardeó de ser inútil, ahora es de verdad. Si dejaran de hacerse cuadros no habría mucha gente que los extrañara. Imaginen que dejaran de hacerse fotos de modelos o de famosos.
Qué vamos a hacer con esa máquina vieja, que aún funciona. Ese es el asunto. Por eso estas líneas.

*Mientras escribía estas líneas leí en una revista banal, un artículo que hablaba de neuromarketing, al parecer estos tipos son capaces de registrar a que lado del espacio le prestamos más atención, para poner luego las mercaderías mas caras ahí. Otros estudian cuidadosamente cuantos sonidos por milisegundo son necesarios para neutralizar la defensa a consumir. Y van más lejos: hacer que de una pantalla emane olor a cerveza y otros olores, mas íntimos digamos, para que alguien experimente sensaciones voluptuosas frente a un vino espumante, por ejemplo.