viernes, 15 de noviembre de 2013

RESPUESTA DE MARÍN KOHAN



Recibí un correo electrónico de Martín Kohan con las respuestas a las objeciones planteadas en mi escrito El Orden Del Discurso. Como la polémica a alcanzado una extensión que no deseo y excede mis posibilidades de sostenerla, voy a publicar aquí la respuesta de Kohan y en una entrada posterior mi propia respuesta. Luego de esto daré por concluído el intercambio que, para mí al menos, es suficiente. Seguramente el debate encontrará otros carriles y otros soportes para hacerlo. Gracias. José Luis Tuñón.



Estimado José Luis: antes que nada agradezco su lectura de mi trabajo, que me brinda la posibilidad de intercambiar pareceres lejos de las agresiones y los desplantes que lamentablemente afligieron el Congreso de Literatura en Comodoro Rivadavia.
El primer punto que quiero comentar es el de la cuestión del mercado. Es cierto que hay una dimensión de mercado en la publicación del libro de Reatto y en su circulación consecuente, pero creo que el mercado no agota la cuestión. Quiero decir, podemos ir más allá del mercado si nos parece que en ese texto hay algo que nos desafía a pensar, sobre todo si se trata de pensar algo que nos perturba y nos incomoda. Yo creo que en efecto lo hay. Y por ende escribí mi texto buscando abrir una discusión no solamente en ámbitos académicos, sino en todos los que me resultaron propicios para intentar otro acercamiento a la cuestión de la dictadura militar y la sociedad argentina.
Creo que las diferencias entre nuestras lecturas responden en buena parte a nuestros diferentes paradigmas. Esos paradigmas no son inconciliables; basta pensar en León Rozitchner para verificarlo. Pero en este caso marcan diferencias sensibles. Básicamente yo diría que me aparto de cierta formulación de la noción de realidad o de la noción de ley que, poniéndolas con mayúsculas, las vuelve un tanto absolutas y al mismo tiempo un tanto abstractas. Planteo mi lectura en términos de una realidad social concreta y de un orden legal concreto, y desde ahí recupero el proyecto político de modificar radicalmente esa realidad social y transformar radicalmente ese orden legal existente. Esto cambia el criterio con que se piensa el Estado; para decirlo de la manera más clásica, el Estado es instrumento de una determinada dominación social. La violencia que se alza contra eso adquiere un sentido específico (usted menciona el caso de las huelgas como ejemplo de luchas al interior de determinado orden; me remito a la Crítica de la violencia de Walter Benjamin para distinguir una violencia que transcurre al interior de un orden legal y una determinada realidad social, y otra que busca en cambio atentar contra ese orden legal y cambiar esa realidad social).
Por último, la idea de que la teoría de los dos demonios ronda mi enfoque. La teoría de los dos demonios supone una doble condena. Mi condena de la dictadura militar es explícita, tan obvia que no hace falta ni siquiera detenerse en ese punto. Le planteo esta pregunta: ¿en qué parte de mi texto ve usted, en que renglón, en qué palabra, una segunda condena, la condena de la otra parte?



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