sábado, 29 de junio de 2013

MÍMESIS



MIMESIS

“La Divina Mimesis” es el nombre del escrito póstumo de Pasolini. Un texto extraño y apasionado que responde a los cambios provocados por el capitalismo en la Italia rural. Uno de esos textos que parecen caer junto con el testimonio que ofrecen. Que le llamara mimesis a ese movimiento que procuraba atrapar la realidad que se le escurría, siempre me pareció oscuro, y a la vez me dejaba entrever una de esas claridades difíciles de situar.
Recurro a Pasolini para introducir esta palabra - mimesis - cuyo sentido no está ni mucho menos zanjado. Mas bien ha caído en el olvido como tantas cosas que dieron que hablar en su momento. Como Pasolini mismo, como la Italia rural y tantas otras cosas.
Diría que su malentendido central, aquel que la homologaba a la imitación, ha quedado obsoleto, en tanto la cultura misma ya está casi completamente infiltrada por un mercado que vende imitaciones de nuestras fantasías. Bah, eso si fueran nuestras, pero más bien nos vende fantasías banales con un aire perversón.
Pero bueno, la mimesis ha hecho su camino. Fue rechazada como la peste por las vanguardias, considerándola el lastre del pasado del que había que desprenderse para acceder a las purezas del lenguaje. Se esperaba así una liberación de las apariencias que abriera el paso a lo real. Por ese camino se alcanzaría la fusión con la vida misma, sin la intermediación de las apariencias, por supuesto.
Y no habría que olvidar aquello que se dice: que la vida imita al arte, porque hoy puede hoy considerarse completamente logrado. Si la mimesis es el apetito por apoderarse del mundo bajo sus formas más reconocibles, ese apetito debería darse por satisfecho, solo que no lo hace, a pesar de que, como se consideraba Borges en Tlón “ha transcurrido ya todo el tiempo y nuestra vida es apenas el reflejo crepuscular y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable” Es decir, que todo lo que pudiera considerarse “vida”, ha quedado formalizado y en condiciones de ser vendido, ya sea como insumo, prótesis o servicio.  
La “oscura necesidad” de hacer obra de la que hablaba Ives Bonnefoy, parece que se ha aclarado hasta parecer transparente, pero no deja de ser enigmática, por ejemplo: ¿esta tan claro porque cientos de mujeres y algunos hombres, de más de treinta años, se vuelcan masivamente a los talleres de pintura decorativa? ¿pasatiempo? ¿terapia? Al menos en Comodoro van en camino a convertirse en el arte oficial. No se conforman con la practica de ese oficio, reclaman para ellos el título de artistas y disfrutan de ese reconocimiento sin vergüenzas. Pero lo que hacen son imitaciones, en todo el sentido de la palabra: imitaciones de fotos, de otros cuadros y de los estereotipos imaginarios disponibles. No hay ninguna pretensión de ser original, por el contrario, el reconocimiento les llega cuando lo logrado es un buen ejemplar de la serie de cisnes con cuello enlazado, por ejemplo. Los modelos se consiguen en Internet y están organizados por género: maternidades, amaneceres, tigres, niños llorando etc. El mercado no miente en tanto afirma sin cesar que vende imitaciones. O mejor: que ya no hay ningún original, tal vez nunca lo hubo. 
 
Entonces la vida imita al arte, los pintores decorativos a las imitaciones, ¿y los artistas? ¿Qué están haciendo los artistas? Los artistas imitan ahora  escenas “de la vida misma” olvidando que esta ya ha sido estetizada y que lo que copian no es más que una imitación previa. Pareciera que su afán se dirige a recrear situaciones similares a las “verdaderas” interacciones sociales. O sea: en el lugar donde antes hubo una obra de arte ahora se presenta una situación social. Por ejemplo: se insta al espectador que concurra al lugar donde se apreciaba el arte para permanecer ahí, tomar algo, o recibir una caricia, por ejemplo (Los que buscan limosnas en los transportes públicos de Buenos Aires ya lo encontraron y ahora cambian un beso por una moneda)
Y se pueden encontrar mas ejemplos en los esfuerzos de las llamadas performances. Estas aprovechan la lograda fusión de la vida con el arte, o sea: la conversión de la vida en una sucesión de escenas predeterminadas, guionadas y dirigidas por un director invisible. Recuerden el último cumpleaños de quince al que asistieron, ¿no había ahí un guión? ¿no se entregaron presentes ritualizados que indicaban el momento de llorar, por ejemplo? Y ya debe haber funerales guionados, aunque todavía debe quedar algún pudor.
Las performances aprovechan ese guión para intervenir en él. Por ejemplo, una persona que se comportara en una acera impersonal de un modo emotivo y cercano, digamos: que quisiera hacerle confesiones intimas a un transeúnte ocasional. Se me acaba de ocurrir, pero ya debe estar hecho. ¿No es esto seguir imitando “la vida misma”? ¿No estamos atrapados en una trampa de espejos, donde buscamos la salida en el reflejo de una puerta?
Ayer (¡que importa de que fecha se trata! ¡Google!) fui a ver una obra de teatro, se trataba de “Tercer Cuerpo” del dramaturgo Claudio Tolcachier, una obra excelente, de una actuación impecable, y tanto que no era posible sustraerse a la sugestión de esos personajes comunes, tan verosímiles que me recordaban continuamente a gente conocida.

Y me dolían sus historias mínimas, como dice Sorin, esas empresas que eran casi obligadas en el siglo pasado: tener un hijo, una familia, un trabajo que dure, unos amigos, ¡bah! ¿no le llamábamos a eso una vida? Eso se ha tornado tan difícil, que parece que sólo con el auxilio de alguna ciencia es posible lograrlo. Claro que esa ciencia ya está “inserta” en el mercado. Lamento contribuir al pesimismo general, pero por suerte, el arte se ha “renovado” nuevamente, y parece que su impulso sigue ahí, entonces no preguntemos mucho. ¡Y disculpen las comillas!


Todos los dibujos son de 10 x 13 cm, hechos en tinta en unos cuadernos lisos Rivadavia

3 comentarios:

  1. ok, ya me pegué contra el espejo que parecía una puerta pero en el pesimismo reinante me alegró una chispa que salta y que- por suerte- hablaste de los funerales y tu duda de si estarán guionados y por suerte- otra vez- sí. están GUIONADOS . Desde los de Tutankamon hasta las lloronas norteñas, que no solo marcaban la hora de llorar sino quienes podían hacerlo. Entonces sacando una mamushka de adentro de otra, pienso que si los guiones sociales nos acompañan hasta en os funerales!desde hace tanto tiempo en la ritualizaciones congeladas de la vida y el arte nos recorrió o sacudió o acarició igual hasta ahora, será que tiene valencias libres para seguir transformándose. y que en algunos en algunos momentos hace contacto tipo Avatar y sonamos imitando o clonando subyugados sin vergüenza ante el éxito de recetario pero en otros hace SINAPSIS,y no por pegatina sino por aproximación, en ese espacio de tensión el arte respira.

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    1. oootro tema ¿cómo sería la opción GUAY, para marcar la reacción ante la lectura de tu nota? Ahí Dice, tipo multiple choice en tres cuadraditos: divertido, interesante, guay... eso es mercadeo neutro!!!!!!

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  2. Pero claro que la vida está guionada.. Recuerdo una canción que cantó Leo Maslíah hace varios años en la confitería del club Huergo, comenzaba como una declaración de amor que se transformaba en petición de matrimonio y luego imaginaba (prometía) el futuro como una letanía interminable de conseguir empleo para trabajar para tener un hijo para que crezca y vaya a la escuela y cuando sea grande consiga novia y se case y consiga empleo para trabajar para tener un hijo para que crezca y cuando sea grande consiga novia y se case y ... Y repetía y repetía mientras todos llorábamos de la risa, aunque al menos yo, al mismo tiempo tenía ganas de vomitar..

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