jueves, 21 de julio de 2011

INVOCA


ENJAMBRE

CONVERSA

DOQUIER

¿ECO?

¡POR DIOS!

ENCALLADURA

RAIGAMBRE

AMOR CON AMOR

INVOCA

Así terminaba esta lista de títulos que, ordenados verticalmente, daban el aspecto de un poema. Y su remate daba nombre a la muestra que se llamaba: Invoca. La hice en el Rincón del Arte, en Río Gallegos, en el año 2004. Su directora, Norma Segovia, es una de las referentes del arte en esa ciudad.

Me gustaba la reversión que, de la plegaria, volvía a la boca de quien la había pronunciado. La figura del embudo condensaba esa reversión en el objeto más prosaico que debe haberse inventado. Se me ocurría que así se cuestionaba la plegaria. El invocante buscaba recibir, y a granel, como se dice.

También me gustó seguir una idea borrosa. Un objeto, sin demasiadas propiedades “estéticas” como un embudo, que de alguna manera se relacionaba con una historia familiar de almaceneros inmigrantes. Y que tenía como propiedad formal la de ser un objeto “minimalista” (espero disculpen las comillas, recién empezamos y ya hay dos) Un objeto, cuya forma, fundida a su función, impide ir más allá de ella hacia alguna otra resonancia. Hubieron varias obras hechas con embudos. En esta muestra al menos cuatro. El material predominante de la muestra era la chapa de zinc. Con sus soldaduras de estaño, su brillo dudoso, pero también su férrea resistencia a la intemperie. Y de nuevo: resonancias históricas, como la de haber sido el material con el que se hicieron las primeras casas en Gallegos. Material que debía venir en barco. Y más resonancias: el filo, la relación fría con el cuerpo, hostil incluso, si se quiere. Y a este material se le encomendaba el cuidado de la intemperie.

Texto que integraba la obra INVOCA






Esas contradicciones me gustaban. Ese forzamiento a entrar en el arte de unos materiales prosaicos. ¿Es esto arte popular? No claro.

La voz y el silencio también quedaban evocadas. En los embudos o en la pintura. La única por otra parte.

Ya había intervenciones directas en el paisaje. Pero todavía le rendía cuentas a la fotografía. No sin culpa, había incluido algunas cuyo foco había sido reprochado. Y además yo no hacía las copias. Y tampoco estaba muy seguro de saber como obtener las tomas. Dependía de Pini Rafaelle y de Teo Numberg, quienes con mucha paciencia, hay que decirlo, me hacían las copias y me enseñaban lo que sabían. Algo aprendí.

Y me complicaba la vida con el objeto. Aún creía que el objeto era imprescindible. Y que debía durar. Hoy estas cosas me despiertan dudas. Y aunque toda reconstrucción es dudosa, es un hecho que cualquier obra que pase por un objeto me produce cierto rechazo. ¡Si tengo que hacerla yo! Cuando veo esos submarinos de Anselm Kiefer, me dan muchas ganas de hacerlo.

DOQUIER. Objeto de hojalata, y cuatro fotografías que registran intervenciones en el paisaje.







DOQUIER, detalles fotografía.













Las raíces me atraían muchísimo. Esas raíces de unas plantas llamadas precisamente migratorias. Esa paradoja me encantaba. Por otra parte, esas raíces migratorias, estabilizan los medanos e impiden que toda esta meseta viaje a África disuelta en una nube de pequeñas partículas. Las raíces migratorias (un oximoron perfecto) ¡fijaban la tierra! ¡Igual que los inmigrantes! ¡Que pavo! Dirían mis hijas. Otra vez haciéndose el vivo.

ENCALLADURA, cuatro fotografías que registran una intervención en el paisaje. De esos objetos, algunos fueron abandonados en el paisaje, otros se muestran en la obra RAIGAMBRE.

Enjambre también me gustaba, era una variante del objeto prosaico, que agregaba, además, la intención hostil y funcional contra el propio material que lo contenía. El nombre es una cita de Lacan.

ENJAMBRE, chapa y abrelatas

¿Y Amor con Amor? ¿No es enternecedora esa imagen de dos bolsas cargadas de objetos incongruentes? ¡Apoyadas una en la otra! Muchos embudos, que, si seguimos la idea anterior, amontonan demandas e invocaciones, cuyo carácter sagrado es inversamente proporcional a su cantidad. Y las geodas, esas piedras tan abundantes y tan misteriosas. En cuyo interior puede hallarse agua fósil, o cristalitos maravillosos. La bolsa vuelve a traer esta idea minimalista de un objeto elemental, no por su pureza sino lo que se espera de ella.

AMOR CON AMOR, Dos bolsas de lona con geodas y embudos de hojalata

Toda la muestra oscilaba entre lo sagrado y lo prosaico. Entre lo elemental, asimilado a lo vulgar y lo sublime. Las historias - porque las hay - son también elementales: llamados, acudimientos, encalladuras, partidas, sentidos profanados. No, no es arte popular, de eso estoy seguro, pero si es hacer entrar lo popular en el arte.

ECO, pintura sobre lona y dos conos de hojalata.

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