domingo, 20 de febrero de 2011

ME VOLVIÓ EL DIBUJO AL CUERPO


ME VOLVIÓ EL DIBUJO AL CUERPO

Ya hace un tiempo que cambié el modo de concebir el arte. Antes lo esperaba en el territorio de la pintura, en sus tradiciones y sus rupturas y, aunque parezca una tontera, en su soporte: el cuadrado blanco, preferentemente de tela, de diferentes tamaños, que solía recibir sus producciones. El asunto estaba instituido: de un lado el cuadro, que recibía lo sentido por el artista y del otro el espectador tomado por esa mirada y sus sentimientos. Ese artefacto se tornó insuficiente y lo abandoné. Pero el dibujo siguió a la pintura en ese alejamiento del soporte como si se tratara de lo mismo. En la institución de la pintura, el dibujo era algo así como la cenicienta: decidía la estructura compositiva, el tema, organizaba el espacio y el desarrollo del asunto; todo eso para que brille el color, que venía a ser como la hermana bonita o el hermano estrella. Del dibujo no debía aparecer mas que lo imprescindible, si por alguna razón cobraba más importancia, como en Carlos Alonso, ya flotaba el calificativo de “dibujos pintados”

Casi deje de considerar al dibujo como una posibilidad de obra terminada. Sin embargo en todos estos años el dibujo estuvo presente cada día, cada mañana. Y si bien me alejé del soporte para encontrar otra definición del arte que no centrada en el oficio, en el taller se amontonan, desde entonces, numerosos cuadernos llenos de dibujos, ideas, bocetos, anotaciones teóricas y ocurrencias diversas.

Vuelve a mi memoria el recuerdo de Ferrari, no León, sino José “Pipo” Ferrari, ya fallecido, y a quien conocí ocasionalmente en el año 94. Por entonces estaba armando una muy esperada muestra en el Centro Cultural Recoleta. Había pedido la fecha mucho tiempo antes y me la otorgaron en el año más duro. Pipo me prestó su taller para guardar la obra cuando terminó todo. El era un artista y docente muy reconocido entre colegas, pero no había expuesto casi nada. Su obra se amontonaba en innumerables cuadernos. A su lado esperaban, desde hacia mucho tiempo, los bastidores blancos que alguna vez recibirían esos pasteles y dibujos guardados a título de bocetos. Pipo se murió y creo que no los terminó nunca. Conservo un catálogo que él me regaló de una de las dos muestras que hizo; allí puede verse el papel central de su dibujo, incluso su referencia al rito y Ingres. En aquel momento tuve la clara conciencia de que la obra eran esos cuadernos que guardaba prolijamente, pero tanto para Pipo, como para mí, y a pesar de que estábamos ya en la década del noventa, la pintura tenía sus reglas y se hacía “seriamente” en los bastidores que aguardaban sin tiempo en su taller.

Luego, mi arribo al llamado arte conceptual me dio una libertad y una coherencia que no tuve con la pintura, y el alejamiento del soporte una dimensión mucho más amplia del arte. Una que puede mezclarse con la ciudad, la acción política, la comunicación, pero también, y más ahora, con el recogimiento y el cultivo de una intimidad con el arte muy reconfortante. En estos tiempos de desmemoria y excitación vacía me resulta muy adecuada esta posición ante la práctica.

Entonces he regresado al dibujo. Y si hay un gesto primigenio en el arte, uno al que después vamos dando curso, ese gesto ha nacido en mi, del dibujo. La pintura fue la institución a la que había que ingresar para hacer la obra, al menos en mis tiempos de antes. En los de ahora el dibujo tiene una atractiva vecindad con la letra, y de ahí a la escritura. Y además una traducción inmediata de aquella consigna de que, el arte, es cosa mental. El dibujo esta profundamente enraizado en eso que procuran nombrar palabras como mente, psiquis, y otras más “modernas”, sin conseguirlo. Esa experiencia refractaria al nombre tiene sus vías con el cuerpo y en sus trazos cabe el orbe. Eso me ha vuelto. Es como el alma al cuerpo.

Claro que nunca se pasa por el mismo río dos veces, el dibujo es ahora un mixto. Uno de esos lugares, que como la fotografía, o la prosa, tienen la propiedad de invocar su relación con la realidad y el documento. Y a la vez, conserva el viejo gesto del artista, vuelto ahora sujeto. Un aire menor, quizás, que lo ha dejado a salvo del alud que se llevó a la pintura y ahora vuelvo a encontrar.

Y de allí al otro recurso, que esta vez proviene de Duchamp, aunque puedo reconocer su huellas desde mucho antes de haberlo conocido. No es otra cosa que el famoso procedimiento del objeto encontrado. No hace tanto que se me ha ido imponiendo la idea, de que ese procedimiento tiene alcances que no había explorado. Un texto de Graciela Speranza me mostró su eficacia en Borges, Aira y otros. Y un trabajo que vengo haciendo sobre la escritura de la prensa, me mostró, por ejemplo, cuantos objetos encontrados hay en lo cotidiano, desde proyectiles extraños que aparecen en algún páramo, a las tradicionales serpientes del verano, acompañadas de su nota sobre los efectos del veneno y donde conseguir el antídoto, sin dejar la diaria del botín hallado y su malhechor, prolijamente acostado boca abajo. Pero también las lagunas misteriosas que aparecen un día, o los crustáceos de alguna especie que tiñe la playa de color coral y muchos ingenios más.

Entonces, y para cerrar el círculo, encuentro en esos cuadernos del comienzo, multitud de objetos, mucho más misteriosos, en tanto que no han existido. Se trata de obras que no han superado el estadío del boceto y aguardan su destino con resignación. De muchas de ellas me he olvidado y entonces al reencontrarlas, recuperan por un instante su frescura. Ahí juega su papel el dibujo, porque es en esa escena donde vuelven al ruedo, que ha cambiado de lugar, es cierto, ya no es la superficie blanca e inmaculada del arte, sino una más modesta, que a veces me recuerda a las historietas donde aprendí a dibujar, otras a los libros de lectura donde aprendí a leer, y en general, adonde sigo aprendiendo.

Graciela Speranza. Fuera De Campo. Literatura y arte argentino después de Duchamp. Ed. Anagrama. 2006

3 comentarios:

  1. ...el objeto encontrado...
    (2)..Entonces, y para cerrar el círculo, encuentro en esos cuadernos del comienzo, multitud de objetos, mucho más misteriosos, en tanto que no han existido( esta seguro maestro?). Se trata de obras que no han superado el estadío del boceto y aguardan su destino (la mirada?)con resignación.
    (1)...En aquel momento tuve la clara conciencia de que la obra eran esos cuadernos que guardaba prolijamente,....

    (como me cuestan las palabras, con desfachatez se las robo, les doy volteretas, y converso con ud. sobre el ánima de los objetos, o mejor los objetos des-mirados ?)

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  2. hola,
    conoce el sitio :

    http://josepipoferrari.free.fr

    lo invito a verlo

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  3. te leo, me quedo pensando en mis artefactos, en su insuficiencia y en el abandono al que me llaman. gracias por el texto!!!

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