lunes, 7 de febrero de 2011

LA AUTORÍA



39

LA AUTORÍA

"Caminar es una forma de arte por derecho propio (...) Cuando terminas de hacer una escultura ¿qué tienes? Una escultura. Cuando terminas una caminata ¿qué tienes? Nada (...) Una caminata es como un objeto invisible en un mundo complejo".

El camino. Hamish Fulton.









Ya había en estas caminatas referencias al hecho de que no solo se camina en el paisaje, también puede hacerlo un texto, por ejemplo. Hay referencias en la caminata dieciséis donde encontraba un fundamento en Macedonio, o en la primera, donde procuraba establecer que caminar y escribir serían parte de la obra. O en la número dieciocho, donde caminaba con un texto de Romeo. Y también referencias a Pereajaume, a Barbi y otros artistas que obtienen la obra de la relación con el paisaje. Lo señalo para reafirmar que nunca se me ocurrió ser original en este asunto. El paisaje tiene una larga tradición en el arte donde, su condición de obra original de Dios, ha atraído a los artistas a reunir sus producciones con aquel gesto originario. Pero hoy, mientras merodeaba por mi biblioteca (otra forma de caminar) encontré una referencia a un artista con el que nunca me había topado. Un tal Hamish Fulton. Un hombre que camina por el paisaje, y sus obras, se definen del mismo modo en que yo he procurado definir estas: un corto paseo por un tramo de la naturaleza. Lo que él hace luego es exactamente lo que me gusta hacer: agregar unas líneas de texto, o tomar una fotografía en blanco y negro, de algún detalle: una piedra, un surco, o una abertura.





Podría agregar que a mi me cuesta más dejar todo como lo encuentro. Por lo general tiendo a dejar una marca que busca el enigma: una piedra tallada, una figura modelada en arcilla frágil. Una inscripción. Encuentro ahí un lugar para lo que solemos llamar sujeto.

Pero por un instante se me opacó la diferencia entre lo que hace Fulton y lo que yo mismo hago. Me causó una honda impresión. Volví a sentir un fastidio conocido. Pero claro, en realidad este hombre ha hecho estas cosas mucho antes. Y entonces el mío era una extensión de su trabajo, y aunque no hubiera tenido un cabal conocimiento de su obra, algo de la apropiación se instaló. No solo como recurso retórico, sino de propiedad.

Ya había experimentado antes esa sensación y sabía de la existencia del fenómeno: que una obra puede nacer en varios lugares al mismo tiempo; que su camino no está atado a la propiedad aunque lleve nombre de autor.

Justamente porque los caminos del texto se entrecruzan y al hacerlo, producen ahí donde se encuentran, un sentido, un vacío, una revelación; el artista procura luego establecer ese sobresalto y lo rubrica con su nombre. Es el procedimiento usual, aunque hay quienes investigan como salirse de él, en nombre de un ataque al sistema de propiedad, o del retorno al anonimato popular como momento sublime de una obra; incluso a la tradición marxista de las producciones colectivas. En todas ellas es imposible salirse de la noción de autor, que es quien estabiliza la obra, la refiere a la intención de alguien. Poco importa si el autor se llama José Xublima o Colectivo El Fénix. Es un modo de evitar la nausea que se abre cuando nos topamos con una obra, y más si se trata de la naturaleza, que no parece tener intención humana. ¿No les ha pasado que, caminando por ahí, se han topado con unos palos dispuestos en algún orden? Recuerdo ahora una obra de Barbi, un artista gallego, que utilizando unos troncos de árbol, blanqueados por la erosión, escribe una palabra en el fondo uniforme de una laguna seca.

Este encuentro es la cantera de donde sale lo que hago. Y para refrendar la autoría debo caminar yo mismo por esos lugares, donde luego procuro instalar la obra.

Debo decir que hay una obra de este autor que me parece familiar, se trata de una huella en un páramo de montaña alta. Una obra que hizo Fulton en Lanzarote (España) y que se parece tanto a nuestra patagonia, a esa inquietud que nos asalta cuando descubrimos una pequeña huella, que revela que alguien ya ha estado ahí, y entonces nos preguntamos por su intención y por su suerte. Y no podemos evitar una identificación a cualquiera de los dos destinos.

El asunto es que ahora, cuando camine por ahí, voy a encontrarme con la intención de Hamish Fulton. Tal vez deba dejarle un mensaje, para que él tampoco olvide, como yo, que el nombre del autor es solo el modo de evitar disolvernos en la tierra por donde caminamos.

El texto pertenece a la serie Caminatas.

Fotografías: "Oras en la elevación" Piedra tallada y abandonada. Registro fotográfico. 70 x 100 cm.

"El Predicador" Piedra tallada y abandonada. Registro fotográfico. 70 x 100 cm.

No hay comentarios:

Publicar un comentario