domingo, 19 de septiembre de 2010

TRABAJO DE CAMPO




TRABAJO DE CAMPO

CENTRO CULTURAL RECOLETA

Febrero de 2007

Texto que acompañó a la muestra

La operación predominante en mi práctica artística actual es la intervención en el paisaje. Lo que me lleva a una reformulación del sujeto de la recepción de la obra. Este es concebido como un caminante ocasional. Un transeúnte en sentido estricto. La práctica de caminar es habitual en esta zona. Aprovechando las huellas petroleras que surcan el territorio, algunas personas van en busca de silencio, evidencias del pasado o los altos horizontes que ofrecen las terrazas de la meseta. En este trayecto, figuro un encuentro con una producción que no se deja reducir a los discursos que modelan el paisaje: la explotación petrolera en primer lugar, el turismo o la conservación ecológica. Este encuentro presupone una intencionalidad. Busco así establecer un signo; uno que no pueda atribuirse a la labor de un loco, ni de un místico. Uno que suscite la pregunta: ¿y si fuera arte?

El sujeto de la recepción queda entonces a medio camino entre el Campo y el Museo como en Macedonio. Esta obra puede encontrarse en su estado material o en su memoria, sea esta fotográfica o el relato que la activa.

Para ello fue necesario decidir que caminar es una práctica posible en la cual generar arte. Operación que ya fue hecha antes, por Richard Long por ejemplo, pero también por los caminantes que recorren las huellas buscando algo en las piedras: fósiles, flechas, jades, geodas o guijarros. Allí imaginan viajeros ignotos, caciques olvidados o bandidos en fuga. Se trata de llevar esas fantasías más allá del imaginario más obvio.

Para ello es necesario provocar este encuentro forzado entre el arte, con sus procedimientos, y este paisaje. En el cruce de estas dos coordenadas nacen estas obras. El sueño de Duchamp, de crear una obra que estuviese fuera del sentido, se cumple hasta el hastío en este sitio. Y es que todo sentido siempre se refiere a la perdida inevitable que conlleva la vida, en la sucesión de las generaciones. Pues en este paisaje, esta es la evidencia más cotidiana, y en tiempos tan extensos como los geológicos.

Sin embargo, el arte que practico lleva todas las marcas de lo urbano. Es un arte nacido en capitales densas. Y mi condición de artista (lo que me condiciona como tal) se empapa de ellas y las aplica aquí, donde hay medio habitante por kilómetro cuadrado. Donde el llamado del grito de Munch no surge del anonimato de las multitudes. Surge de la distancia de un prójimo a tiro de piedra. ¡Quien oye!




No hay comentarios:

Publicar un comentario