lunes, 16 de agosto de 2010

SEMINARIO EL VALOR DEL ARTE





APUNTES CUARTO ENCUENTRO

Ya estamos en el cuarto encuentro, y he hablado hasta por los codos, tanto que parece que ya lo hubiera dicho todo. Y en algún punto es cierto. El método dio resultado: tomando el compromiso de decirle algo a alguien, aún sin saber muy bien que decir, la cosa va tomando forma. Por otra parte no hay de que sorprenderse. Si es casi un testimonio. Nada de lo que dije en esos tres encuentros previos me es ajeno. Mi experiencia como artista, psicoanalista o ciudadano común esta reflejada en ellos.

Me va quedando claro que la cultura es la industria humana mas extendida. Y decir humana es una redundancia porque me parece no hay otra. Sus productos van desde los cortantes más elementales de los nómades originarios y que encuentro merodeando por la costa, hasta el software mas sofisticado. Son a la vez un útil y un símbolo. De ambos se desprende su sentido, el lugar que va a asignársele en el conjunto de los objetos del mundo. Y el valor de quien los posea. No hay mucha magia, ya está estudiado. Hay valor de uso y valor de cambio. Y hay otro dudoso: el que elabora el arte. Este último entre nosotros. De los nómades no sabemos el gusto que tenían y de los usuarios del software a veces tampoco.



Lo que me queda claro es que la cultura da forma a los objetos, las creencias, los bienes, o lo que creemos que son bienes, porque convengamos que también suele ser dudoso. Y consideramos bienes a lo que nos permite disfrutar de alguna cosa: la salud, el dinero, las amistades, o la siesta. La lista, si bien no es infinita, es extensa. Claro que el recurso al placer se agota pronto, porque se alcanza un límite y luego empieza otra cosa. ¿Cómo se goza de la salud? ¿cuidándola o usándola? ¿o usándola con cuidado? Si el que responde tiene mas de treinta optará por esta última, pero si tiene menos de treinta probablemente diga:

-¡¿y para que quiero buena salud sino puedo usarla todo lo que quiero?!


Y ahí empiezan los problemas; traslade ese argumento a un auto que puede andar a mas de doscientos kilómetros por hora y aumentarán los misterios. Porque no es lo mismo morirse gozando de un auto veloz que morirse a manos de un chorro. Y está claro que no es la muerte el problema, de otro modo no sería una de las causas principales de mortalidad entre jóvenes, y no se fabricarían autos veloces.



_¿Y que tiene que ver eso con un seminario sobre el valor del arte?

Tiene, tiene, porque la cultura le da forma es a ese vacío que queda en el centro de la existencia de cada cual, ese vacío que llama a gozar ¡a gozar mi amor! a gozar de lo que sea. Si no se vieran las paradojas, los desastres que quedan por todos lados hasta parecería razonable. ¿Qué otra cosa que gozar de la vida? Por eso el placer se queda chico y luego de disfrutar un tiempo de algunas cosas uno se empieza a aburrir y a buscar nuevas, o a ir un poco más allá, y más…

Entonces hay quienes valoran el arte pagando cifras millonarias por un cuadro de Picasso que, a todas luces, no vale eso, ni mucho menos. Ni por el placer estético que prodiga ¡claro que no! Vale pagar esa cifra porque al menos acota lo que se puede disfrutar y hacer apetecible.

Me va quedando claro que la cultura modela las formas del gusto, y que así le llamamos a las formas de lo que gozamos, sean formas reconocibles, legales, saludables o prohibidas, viciosas, dañinas o ilegales. ¿Cómo dice la sabiduría popular?

-Todo lo que me gusta esta prohibido, es caro o engorda…

Tiene razón don Laguna, ahora que está grande, Berni se murió y lo dejó solo. Y le dejó un montón de cuadros que cada tanto se los roban o no saben que hacer con ellos. ¡Pero eso es lo que me gusta! Esa paradoja que introduce el arte: no se puede decir con facilidad que es lo que gusta del arte, siempre va más allá. Basta que algo se establezca como buen gusto para que guste menos. ¿O alguien duda que se gusta más del mal gusto que el bueno? Vean la tele sino.

En el camino queda otro valor que es el que me gusta a mí, de otro modo no estaría escribiendo esto. Es esa curiosidad por lo que hace el arte en la cultura, lo que hago yo en ella, los otros artistas. Parecen encontrar algo que los lleva a defender tenazmente lo que hacen, contra viento y marea. ¿Qué será? Aunque pensándolo bien, no es muy diferente de cualquier otra cosa hecha con gusto. ¿O si?

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